1. Paz, Cortázar y Duchamp o de cómo dañaron Televisa y Chespirito a la sociedad mejicana.
A Julio debemos Rayuela (pero sobre todo los cuentos: Carta a una señorita en París, Perseguidor, Las babas del diablo, Bestiario etc.) a Octavio debemos mucho (escojan ustedes) a Duchamp horas de ajedrez y La Novia. Aquí los maldigo a los tres. No, momento: no ha ellos sino a sus hijos (bastardos¿?). Duchamp quiso burlarse de la pintura y dijo: cualquier [pendejo] puede pintar (lo dijo en latín pero lo dijo). Paz quiso trascender la poesía y convertirla en instante, como su gustada metáfora de la ola. Julio, encontrar a la maga, mejor: perseguirla.
Resultado: Cualquier pendejo pinta, cualquier instante es poesía, cualquiera hace “haikú-es” y a la Maga no la encuentra nadie pero cualquiera hace viaje-mochila a París para conquistarla y de paso escribir novelitas.
Porque todos nacemos platónicos o aristotélicos; las demás diferencias, blancos o negros, hombres o mujeres, andaluces o babilonios, son meros accidentes sin importancia.
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domingo, febrero 12, 2012
Arte poética I
Nietzsche, Bukowsky y el justo medio aristotélico.
“Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir”. Uno sólo se explica semejante frase nietzscheana después de visitar la oficina de ciertos filólogos como Nietzsche mismo. (No, como Nietzsche no. Aunque bien lo podrían llamar colega). Después de comprobar que algunos clasicistas cuarentones siguen viviendo en casa de su madre, donde apetecen y paladean las hazañas del mañoso Ulises, sólo después de haber terminado de escarbar la mugre de la uña del dedo gordo del pie izquierdo de su madre gorda.
Sólo entonces. La vida ¡Oh la vida! Pero luego viene Bukowsky y sus retoños y lo emplastan todo. ¿Qué se creen cuando afirman que cualquier borrachera vomitoria es motivo de literatura, que no hay en la vida por qué trabajar si cualquiera puede emborracharse y escribir? Bukowsky pasa pero ¿por qué soportar a Hugo Paco y Luis hablando de vómitos que sólo interesan a Hugo Paco y Luis? ¡Al diablo el academicismo! Bien, pero no me vengan con el huevón de Hugo el de Luis y el huevo de Paco que por sus puras ganas quiere ser escritor. Que suban sus Alpes e inventen sus Zaratustras, que aprendan a reír y luego, sólo luego, terminen su visita en la casa de la risa para dejarnos algo más que tiradas de vomitivos versos.
“Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir”. Uno sólo se explica semejante frase nietzscheana después de visitar la oficina de ciertos filólogos como Nietzsche mismo. (No, como Nietzsche no. Aunque bien lo podrían llamar colega). Después de comprobar que algunos clasicistas cuarentones siguen viviendo en casa de su madre, donde apetecen y paladean las hazañas del mañoso Ulises, sólo después de haber terminado de escarbar la mugre de la uña del dedo gordo del pie izquierdo de su madre gorda.
Sólo entonces. La vida ¡Oh la vida! Pero luego viene Bukowsky y sus retoños y lo emplastan todo. ¿Qué se creen cuando afirman que cualquier borrachera vomitoria es motivo de literatura, que no hay en la vida por qué trabajar si cualquiera puede emborracharse y escribir? Bukowsky pasa pero ¿por qué soportar a Hugo Paco y Luis hablando de vómitos que sólo interesan a Hugo Paco y Luis? ¡Al diablo el academicismo! Bien, pero no me vengan con el huevón de Hugo el de Luis y el huevo de Paco que por sus puras ganas quiere ser escritor. Que suban sus Alpes e inventen sus Zaratustras, que aprendan a reír y luego, sólo luego, terminen su visita en la casa de la risa para dejarnos algo más que tiradas de vomitivos versos.
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